ANÉCDOTAS DE UN RINCÓN PATAGÓNICO

Las anécdotas que componen este interesante libro, son un rescate de historias de vida que Elías Chucair hace para que -como él mismo dice- “no se pierdan en los caminos del olvido”.
Con ese poder de observación y esa chispa que impone a sus relatos, el autor nos hace “ver” a los protagonistas, con sus características tan sureñas, que se transforman en la quintaesencia del poblador patagónico.
Y la narración costumbrista se torna divertida, pícara y hasta desopilante con la aparición de personajes tan graciosos como los primeros inmigrantes libaneses, que en su castellano mezclado con el árabe de sus raíces nos hacen reír con frases y ocurrencias que parecen salidas de un sainete.
Otras colectividades intervienen también en este libro; así encontramos el salero del andaluz, el cocoliche del italiano, la parquedad del nativo... y todos ellos descriptos con la maestría con que Elías Chucair nos tiene acostumbrados.
                                       Julia Chaktoura


A MODO DE PRÓLOGO:
No es nada fácil escribir anécdotas y llegar con ellas a despertar el suspenso en el lector para celebrar el desenlace de las mismas.
Nuestro idioma es riquísimo en palabras y signos para redondear expresiones y frases que sirven para darle vida a los hechos, no obstante ello...
Las anécdotas son más sabrosas y festejadas, cuando alguien las cuenta, describiendo el escenario donde se desarrollan y usando voces, gestos, mímica, humor, tristeza.
También, y es casi fundamental para vivir una anécdota, conocer al personaje. Entonces al lector le parece estar viendo al protagonista de la misma.
Este trabajo tiende únicamente a rescatarlas para que no se pierdan en los caminos del olvido, porque las entiendo como un ingrediente más de la vida cotidiana de los pueblos.
A través de estos episodios que generan la anécdota o algo parecido a ella, pasa un poco de la pequeña historia e, en el caso de Ingeniero Jacobacci, su zona de influencia y de algunos pueblos vecinos.
Aquí no tiene sitio la fantasía. A estos acontecimientos menores, le han dado vida personas que tienen nombre y apellido que a veces no se revelan por razones obvias.
El hacer nombres en algunos casos, no significa subestimar o menoscabar a quien protagonizara el echo; lo que vale es el recate de estas breves historias; y el hombre es un elemento circunstancial que vive en el mismo.
Quien ha seguido los fascículos (32) de Ayer Aquí, observará que este anecdotario viene de aquella publicación iniciada allá por 1984. Entonces, estimé importante y necesario, dejar testimonio de estos hechos menores, junto a los apuntes que hacen a la historia de un pueblo.
Un poco de lectura de esta naturaleza no viene mal en estos tiempos en que leemos tantas cosas que tienen que ver con la violencia, y hechos desagradables que indignan, preocupan y tensionan. Tomarse algo así como un recreo de vez en cuando tal vez sea un tanto saludable para el espíritu.
                                        E. Ch.


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