EL COLLAR DEL CHENQUE

PRÓLOGO
Hablar de la obra de Elías Chucair significa internarse en las aguas profundas de la nostalgia, por intermediación de los recuerdos; de la nacionalidad, porque recorre los caminos de la Patagonia y se compenetra de la idiosincrasia de su gente; y de la condición humana, porque es un observador agudo de las pasiones, los defectos y bondades del hombre que con su accionar va haciendo y modificando la historia de la humanidad. Pero tiene una virtud poco frecuente entre los narradores costumbristas: Elías Chucair no juzga a los personajes; simplemente presenta los hechos más crueles con la naturalidad de quien ha visto mucho y sin embargo no ha perdido su capacidad de asombro.
Desde luego que su naturaleza, plena de rectitud y honestidad, le hace rechazar las actitudes negativas, pero las acepta con resignación, casi con fatalismo, porque reconoce la misteriosa sustancia que lleva al ser humano a realizar los actos más sórdidos y heroicidades más sublimes.
Los protagonistas de los relatos que componen este libro, resuelven en silencio su felicidad o su tragedia: la miseria, el alcoholismo, la superstición, la ternura, el amor, la muerte... son hechos cotidianos que sellan destinos y que el autor recoge y recrea con absoluto respeto y fidelidad.
Leer estos relatos es asomarse a los particulares ámbitos que se manejan en el interior patagónico, donde la mezcla de la cultura aborigen y la del inmigrante ha creado una raza especial de criollos con códigos y rituales propios. La extensa obra literaria del autor lo acredita merecidamente como un escritor que está empeñado en transmitir la valiosa carga de sus vivencias. Pero además, sus libros son doblemente importantes porque pone su acento en aquello que mantiene viva la narrativa oral de la región y da testimonio de la época que le tocó explotar valiéndose del aporte ancestral que recibió por herencia y que lo habilita para realizar su cometido con holgada soltura.
Elías Chucair ha vislumbrado con dolor los conflictos que plantea la vida, toma distancia y observa desde afuera a los protagonistas, pero con esa mirada “desde adentro” que le ofrece el hecho de formar parte del entramado cultural al que hace referencia.
Su lenguaje coloquial le da frescura y verosimilitud a las historias -aun a las de ficción- y nos remite a un rescate antropológico que descubre una parte olvidada del ser nacional.

                                                            Julia Chaktoura

No hay comentarios:

Publicar un comentario