TEATRO VOCACIONAL

¿Qué es el teatro? En su esencia, más allá de los significados que podemos encontrar en los diccionarios, el teatro es algo más que un edificio, un escenario, una puesta en escena. Para que exista, se necesitan la obra dramática, personas que a representen y espectadores que la sientan como una realidad, pese a su carácter de ficción.
Teatro es una síntesis sustancial de texto, actores y público quienes interactúan en la construcción de un clima, de un estado de gracia hecho para el deleite -que puede incluir tanto la tragedia como la comedia-, pero su verosimilitud no deja lugar a dudas de que se está presenciando un episodio real en la vida de alguien.
La función social del Teatro, nace con el teatrista independiente, el cual a su vez se proyecta ante la necesidad del barrio o del pueblo al que pertenece y donde casi no existe la posibilidad de presenciar espectáculos teatrales o de algún otro tipo. Raramente, algún circo ambulante cumple esa función revolucionando a los vecinos (particularmente a los chicos) con sus funciones, el que, al irse, deja un vacío considerable en las ganas de entretenerse de la gente.
Esta nueva obra de Elías Chucair nos introduce en la experiencia teatral de Ingeniero Jacobacci y su influencia en la Línea Sur de Río Negro, que es, en definitiva, el prototipo de la historia del Teatro Vocacional Argentino
                                              Julia Chaktouta


PRÓLOGO
El teatro, al igual que la poesía, nace en las sociedades primitivas para satisfacer la necesidad de los hombres y mujeres de desarrollar rituales mágicos-religiosos, y asegurar así el favor de los dioses en la caza y en la recolección de alimentos.
Desde los inicios, fue un arte atado a los conflictos y valores humanos, pero también refleja la tendencia lúdica, la necesidad de juego del hombre, que lo lleva a transformarse por un tiempo en otra persona, a adoptar su apariencia y lenguaje para descubrir en sí mismo las respuestas a su condición humana.
El arte dramático está compuesto por géneros y subgéneros, que tienen su origen en la antigua Grecia. Primero aparecen la tragedia y la comedia y más tarde comienza a interpretarse el drama.
La tragedia es la representación de una acción extraordinaria la que, a través de la lucha heroica con el destino o el choque violento de la voluntad contra las propias pasiones o el conflicto del deber frente a la ley, produce en el público una expresión de asombro, terror y compasión.
La comedia muestra, desde el punto de vista humorístico, distintos aspectos de la vida cotidiana del ser humano, provocando en los espectadores gracia y risa, siendo el desenlace siempre alegre y feliz.
El drama, en cambio, es el género en que se representan problemas graves, con intervención, a veces, de elementos cómicos. Y su desenlace puede ser indistintamente feliz o infeliz.
Este nuevo libro de Elías Chucair nos lleva a recorrer una de las facetas más interesantes y comprometidas del teatro: el vocacional, que reúne a una cofradía de actores amateur que se van fogueando arriba del escenario -generalmente sin tener ningún conocimiento previo- y que con el correr del tiempo llegan a adquirir un desenvolvimiento actoral admirable, a fuerza de práctica, observación, estudio informal y -en especial-, coraje.
Los teatros vocacionales han sembrado alegría y distracción en muchísimos pueblos alejados de las ciudades proveedoras de entretenimientos. En el interior patagónico, con su inagotable soledad, la llegada de algún circo ambulante sacudía el aburrimiento cotidiano con esa alegría ruidosa que transformaba las calles en una caravana de chicos curiosos que perseguían a los payasos anunciadores de funciones inolvidables.
También los radioteatros, que dificultosamente se escuchaban a través de las antiguas radios a válvulas, inflamaban la imaginación de os oyentes que agregaban una cuota de subjetividad a esas voces que simulaban amores, desencuentros, malentendidos, llantos y risas para deleite del grupo familiar que se reunía alrededor del crujiente aparato.
En el caso especial de Ingeniero Jacobacci -lugar desde el cual Elías Chucair nos convoca con su trayectoria y sus recuerdos-, todo eso fue dando cauce a la potencial aptitud de un grupo vocacional que realizó innumerables funciones a beneficio de diversas instituciones necesitadas de ayuda, poniendo en escena desde comedias sencillas y reideras hasta verdaderas obras maestras de la literatura universal.
No conformes con el asombroso éxito obtenido en su lugar de origen, se animaron a salir de gira por pueblos cercanos para beneplácito de los vecinos que los esperaban con ansiedad, en esas heladas noches de invierno y largos encierros.
Se incluyen en este libro, numerosas fotografías y programas de la época que dan testimonio de la variedad y calidad de las obras elegidas y puestas en escena, las que fueron atesoradas por el autor esperando la oportunidad para que vieran la luz en esta publicación que hará vibrar las fibras íntimas del recuerdo de aquellos memoriosos que han sido partícipes o espectadores de tan creativa entrega.
El teatro argentino se ennoblece con el accionar de los grupos vocacionales que han puesto en valor el arte dramático a lo largo y ancho del país, y que hoy, con este encantador libro, podremos dimensionar en su justa medida.
                                                                 Julia Chaktoura
                                                               5 de julio de 2009


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